

A pie de carretera, donde aparcar no da problemas, se encuentra el Molino de Urdaniz, una rústica asa remodelada que no ha perdido su sabor de viejo molino. A pesar de su corta existencia, el restaurante ha alcanzado un gran prestigio por sus innovadoras apuestas de la mano del joven David Yárnoz, conocido en los fogones de los más prestigiosos restauradores donde ha aprendido. Ahora vuela por sí solo, con una cocina moderna, reveladora y muy personal, en la que cuida la calidad de la materia prima, la creatividad y el diseño.
Posee una estrella Michelín.
